Fases del Alzheimer

La evolución del Alzheimer es imprevisible, única en cada caso. Pero sí que existen tres etapas básicas por las que pasa todo enfermo. Conocerlas permite saber qué medidas adoptar.

En términos profanos, el Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que provoca la pérdida de la memoria. Pero eso no es todo.

Cuando a un familiar se le diagnostica esta dolencia, muchas veces el cuidador no sabe cómo lidiar con la noticia, porque la evolución de cada persona es única, diferente e impredecible. Sí que existen fases que todo enfermo recorre. Puede pasar rápidamente de una a otra o permanecer en una misma etapa un largo periodo de tiempo.

Por ello es importante conocer las fases por las que la persona podrá pasar, ya que tanto la familia como el cuidador sabrán a que se enfrentan y por tanto, adoptar las medidas más adecuadas a las circunstancias.

Primera etapa o etapa temprana

En esta fase, que puede durar años, la persona experimenta pequeños fallos de memoria como olvidar el lugar donde se colocan objetos de uso diario o incluso puede llegar a extraviarse.

Estos olvidos pueden pasar inadvertidos para familiares, amigos y compañeros de trabajo por ser leves. La persona sigue funcionando de forma independiente.


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Pese a que el enfermo continúe razonando, pueden aparecer problemas a la hora de encontrar las palabras exactas para completar las oraciones, realizar frases complejas y relacionar ideas. También pueden experimentar cambios bruscos de humor debido a que son conscientes de la pérdida de control sobre sí mismos.

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Para afrontar esta fase, el cuidador debe proporcionarle apoyo emocional, ya que el enfermo puede sentirse avergonzado, frustrado, depresivo o ansioso.

También hay que ayudarle a recordar, preguntándole sobre hechos; y procurar preservar su independencia, haciéndole partícipe en la toma de decisiones y permitiendo que realice las tareas que pueda por sí mismo.

Segunda fase o etapa intermedia

Esta etapa suele ser la más larga y durar varios años. A medida que la demencia progresa y se agrava la condición de la persona, aumentará el nivel de Dependencia.

Los síntomas predominantes son una disminución de la memoria reciente, desorientación temporal y espacial y problemas con el lenguaje. Al enfermo le cuesta mantener conversaciones, tiene dificultades para terminar las frases y para diferenciar y relacionar conceptos.

También se ven perjudicados los movimientos, la coordinación y el equilibrio, por lo que necesita ayuda para deambular. Además, pueden producirse fuertes cambios de comportamiento, como agresividad, miedos, alucinaciones y conductas desinhibidas.

En esta fase el cuidador debe utilizar estrategias de comunicación para facilitar la comprensión, es decir, simplificar el lenguaje. También ha de proporcionar ayuda para las actividades de la vida diaria como el aseo o las comidas y no dejarse arrastrar por los cambios bruscos de conducta.

 


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Cuando se produzcan hay que mantener la calma y tratar de ocupar al dependiente con alguna tarea para que se tranquilice.

Tercera fase o etapa avanzada

En la fase más severa del Alzheimer, que puede durar desde varias semanas hasta varios años, el enfermo depende enteramente de su cuidador.

El paciente sufre desorientación, dificultad para comprender lo que ocurre a su alrededor, incapacidad para reconocer a las personas, problemas para tragar correctamente, descontrol de sus esfínteres y problemas de movilidad.

Asimismo, la memoria reciente y pasada comienza a perderse y el comportamiento sufre altibajos. El enfermo puede gritar, llorar, agredir al cuidador física o verbalmente, o pasar por periodos de inapetencia a la hora de comer, así como experimentar rigidez y mutismo.

El cuidador tiene que proporcionar el apoyo necesario, ya que el enfermo requiere más ayuda a la hora de realizar actividades de la vida diaria como el aseo o comer y tragar. Así, los menús se ajustarán a la situación incluyendo alimentos blandos que se puedan masticar y tragar fácilmente.

Para favorecer la digestión se recomienda que la persona esté posición vertical durante los 30 minutos siguientes a la comida.

Hay que tener en cuenta que, a medida que avanza la enfermedad, la sensación de sed disminuye. Por eso es muy importante asegurarse de que el enfermo toma suficientes líquidos para evitar la deshidratación.

El cuidador debe fomentar la independencia de la persona, a través de la auto-alimentación. Es decir, debe alentar a la persona a que coma por su cuenta y si hace falta ayudarle colocando la comida en la cuchara y guiándola hasta la boca.

Dependiendo del grado de Dependencia, será necesario recordarle que primero debe masticar y después tragar. Otra forma de favorecer su independencia es permitir que la persona realice todas aquellas tareas de que sea capaz, aunque sus movimientos sean torpes o tarde más tiempo.