Mi intención con la redacción de este artículo es expresar una alabanza al gran valor de salud y, consiguientemente, promocionar dicho valor para que sea disfrutado por todas las personas.

La salud es un bien supremo en la vida. No nos damos cuenta de ello hasta que la perdemos.

 

Dentro de la escala de valores, por la que nos guiamos al vivir, la salud debería ser uno de los valores más importantes.

 

Ya el ilustre pensador alemán Goethe decía: “La salud no es todo, pero todo sin salud es nada”, y el autor Charles C. Colton – clérico y escritor inglés- dijo” El más pobre no cambiaría su salud por el dinero y el más rico daría todo su dinero por la salud”

 

Los griegos y romanos en su etapa de esplendor, siguiendo aquel conocido aforismo “mente sana en cuerpo sano” pusieron a la salud como uno de los valores principales de la sociedad de aquella época.

 

Por su parte, la OMS ha recordado que la salud no es sólo ausencia de molestias y enfermedad, sino un estado completo de bienestar físico, mental y social

Todo esto esta muy bien y resulta muy convincente, pero observando la realidad práctica de la vida cotidiana -sobre todo en los países desarrollados e industrializados- vemos que muchos seres humanos están sanos a medias (sanos aparentes), pues no disfrutan de una salud perfectamente funcionante, por la que las personas se sientan bien, sean creativas, comunicativas y con ganas de disfrutar y trabajar.

 

Por el contrario, si observamos la Naturaleza todos los animales en libertad- salvo raras excepciones- están sanos, son bellos y altamente eficientes para cumplir con los objetivos de la reproducción y la supervivencia.

 

Llevado esto al terreno humano, la salud que observamos a nuestro alrededor- como he dicho- es una imagen pobre de lo que debería ser, pues muchas personas acusan el peso y la carga desfavorable de su existencia como consecuencia de malos hábitos de vida, y de  las influencias negativas del medio ambiente; y, se percibe en ellas, que están deprimidas, con sensación de tedio o cansancio, cuando no sienten molestias diversas como dolores de cabeza, insomnio, trastornos digestivos, malhumor, ansiedad, irritabilidad, estreñimiento…

 

Una vez analizado este panorama negativo, podemos llegar a esta conclusión: si consideramos la salud plena como una meta alcanzable día a día y nos ponemos manos a la obra, los beneficios que obtendríamos de nuestra conducta saludable- a nivel físico, mental social y espiritual- serían verdaderamente rentables y sorprendentes. En este punto nos deberíamos concienciar todas las personas: profesores y alumnos, médicos y enfermos, padres e hijos, cuidadores, personas cuidadas, políticos, ejecutivos…

 

Conclusión: si consideramos la salud plena como una meta alcanzable día a día y nos ponemos manos a la obra, los beneficios que obtendríamos de nuestra conducta saludable- a nivel físico, mental social y espiritual- serían verdaderamente rentables y sorprendentes.

 

Por otra parte, observando la conducta y actitudes de las personas en la vida, podemos entender cómo los seres humanos vamos buscando y valorando cada día la rentabilidad de las cosas, de nuestros ahorros en el banco, de nuestras posesiones, de nuestro salario, de nuestra pensión, de nuestro rendimiento profesional, etc.

 

Pero solo algunos entre muchos son conscientes verdaderamente de que cuidar la salud propia diariamente y actuando en consecuencia, produce una rentabilidad inmediata y a largo plazo. La inmediata fomenta el disfrute del bienestar y la buena salud, con todo lo positivo que ello lleva consigo y a largo plazo, se traduciría por alcanzar una vejez sana, activa, productiva y feliz.

 

Esta concienciación y la actuación responsable consiguiente, es lo que podría evitar en gran parte, en los seres humanos, caer en una situación de dependencia a lo largo de sus vidas

 

Muchos medios, recursos, logros, etc. de los que disponemos o necesitamos en la lucha por la vida tanto en el plano personal, familiar, social, profesional… dependen o derivan del estado de nuestra salud.

 

El que está verdaderamente sano disfruta de la vida, siente un auténtico placer de vivir y mantiene con más facilidad relaciones familiares y sociales gratificantes.

 

La salud plena cuando es sólida es una de las mejores armas para luchar, prosperar y tener éxito en este mundo materialista, estresante, desgastador, exigente y altamente competitivo

 

Las contrariedades, fracasos personales y profesionales se soportan mucho mejor cuando se está sano.

 

En cuanto al mantenimiento y recuperación de la salud, una de las piezas claves somos nosotros mismos y nuestra propia conducta.

 

Por eso, tenemos el deber de cultivarnos, informarnos, y estar al día en los temas de salud, nutrición, actividad física, higiene mental, actividades lúdicas… para poder cuidar mejor nuestro cuerpo y nuestra mente

 

Esto no quita para que sigamos los consejos, instrucciones y prescripciones médicas cuando nos sea necesario.

 

¡Una observación final!

 

Me sorprende sobremanera cómo muchas personas son tan entendidas en temas económicos, financieros, políticos, bancarios, nuevas tecnologías, etc. y, tan precarias e ignorantes en los temas cruciales que conciernen al cuidado de su propia salud. Y, todavía me sorprende aún más observar que muchas personas entendidas en los temas sanitarios no practican las normas de vida saludables.

 

Víctor López García

Médico gerontólogo