La importancia de cuidar del cuidador

En este artículo estaremos hablando de la importancia que tiene el cuidado del cuidador, cuidados igual de importantes que los de la persona cuidada.

En primer lugar, ¿qué es un “cuidador”? 

Un cuidador es la persona que se hace cargo del cuidado de una persona dependiente, es decir, asume la responsabilidad de su cuidado, llevando a cabo las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria del mismo.  

Podemos distinguir entre dos tipos de cuidadores, el cuidador informal y el cuidador formal. 

  • El primero, apunta a un miembro de la red social del destinatario del cuidado, el cual brinda atención de manera voluntaria y sin que intervenga remuneración económica. 
  • El segundo, se refiere a personas que no son parte de la familia de la persona enferma, que pueden estar capacitadas o no para ejercer dicho rol y que reciben una remuneración económica. 

El cuidador informal 

En cuanto a los cuidadores informales, son mayoritariamente mujeres (hijas, esposas, nueras) con una edad media de 52 años (el 20% superan los 65 años) y que no suelen recibir ayuda de otras personas. 

Se ha evidenciado, que estos cuidadores, están sometidos a una situación de estrés crónico con importantes repercusiones en su estado de salud física y emocional.  Presentan índices elevados de sintomatología ansiosa y depresiva, menores niveles de bienestar subjetivo y autoeficacia, así como de sufrir alteraciones en sus sistema cardiovascular e inmune. El sistema de apoyo social informal asume la mayor parte de la asistencia a las personas dependientes. 

El cuidador formal 

Por otro lado, se ha determinado que los cuidadores formales también deben hacer frente a variados estresores de una forma similar a los cuidadores informales, sin embargo, cuidar con una relación laboral, cumpliendo un horario y recibiendo un salario, hace que difiera considerablemente, de la acción realizada por los cuidadores informales. 

¿Qué es el cuidado del cuidador? 

Los cuidadores tienden a asumir riesgos y situaciones que van en contra del éxito de los cuidados y de su bienestar personal. 

Los errores que suelen cometer son: 

  • Asumir cada vez más responsabilidades sobre la persona que se cuida. 
  • Estar disponible las 24 horas del día y no disponer de tiempo para uno mismo, reduciendo así el tiempo de ocio. 
  • Desconocer los recursos de su entorno que facilitan el cuidado. 
  • Es muy común tener sentimientos de culpa y de tristeza de manera habitual, por lo que se suele pensar en negativo y no ver las posibles soluciones a los problemas.   

Por lo tanto, es igual de importante los cuidados que le damos a nuestro familiar o a la persona a la que cuidamos, como los que nos damos a nosotros mismos. Si queremos mejorar nuestras capacidades para cuidar, primero tenemos que cuidarnos. 

Para ello es esencial dormir y comer adecuadamente, además de realizar ejercicio físico. No soportar toda la carga del cuidado, pedir ayuda a familiares y amigos, o ayuda profesional. Aprender a delegar. Fomentar la autonomía de la persona cuidada. Buscar recursos que puedan ser útiles en la comunidad, como son los recursos sociales y sanitarios, la teleasistencia, los centros de día, el servicio de ayuda a domicilio, los programas de respiro familiar incluso centros residenciales. Dedicar algunas horas para uno mismo, para hacer actividades gratificantes y no olvidar mantener activas las relaciones personales y sociales. 

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¿Cómo pedir ayuda? 

Toda la ayuda que pueda recibir el cuidador es oportuna, bien sea como apoyo directo al cuidador, o como cuidado directo del familiar. 

Existen gran cantidad de recursos para lograr ayuda y apoyos; de manera informal por parte de familia y amigos o de manera formal con ayuda de profesionales, además de contar con productos de apoyo y adaptaciones en el hogar y/o nuevas tecnologías y domótica. 

Cuando se acepta buscar ayudas y apoyos, los beneficios son muy altos tanto para el cuidador como para el cuidado. Es una forma de liberar la carga y distribuir responsabilidades. Siendo la ayuda profesional una garantía para cubrir las necesidades que presenta la persona. 

A la hora de pedir ayuda debemos expresar claramente nuestras necesidades, sin exigencias, tener en cuenta que nadie está obligado a prestarte ayuda, salvo que sea un servicio social o privado contratado, y si tenemos una negativa debemos aceptarla con naturalidad, y no insistir; si nos prestan ayuda no pensar que estamos en deuda con esa persona, y expresar claramente qué implica esa ayuda. 

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