Hola, me llamo Ana y he sido cuidadora de mi madre junto con mi hermana Rosa desde el año 2012 hasta enero de 2019 que falleció.

 

Todo comenzó cuando le dio un ictus cerebeloso bilateral, ahí fue cuando el médico habló con nosotros y nos dijo que ya no podría vivir sola. Anterior a este suceso, mi madre era totalmente autónoma. Desde que falleció nuestro padre, vivía sola en su casa y nos ayudaba con el cuidado de sus nietos. Pasamos días muy agobiadas, ya que teníamos que ver cómo nos íbamos a organizar con el cuidado de nuestra madre, atender a nuestros hijos y nuestros trabajos.

 

Decidimos atenderla en su casa y buscar una persona para que nos ayudase cuando nosotras teníamos que ir a nuestras casas a atender también a nuestros hijos.

 

Una vez en casa, empezó a hacer cosas raras y hablaba de todas las personas que ya estaban fallecidas, como mis abuelos, sus hermanos y personas que no sabíamos ni quiénes eran. También se iba a la puerta y quería irse. Cuando veía que no podía abrir la puerta se enfadaba y se ponía a llorar.

 

Era muy duro ver esas situaciones, manteníamos la calma, convencerla era peor, ya que se ponía más nerviosa, tenía un lío en la cabeza tremendo, decía que no estaba en su casa sino que estaba en la de mi hermana, dormía fatal, se quería levantar; ya sabíamos lo que había y tuvimos que encajar esta nueva situación. También tenía una insuficiencia cardíaca, todo se iba complicando cada vez más.

 

Dejé de trabajar una larga temporada para poder atenderla mejor y me centré en ir con mi madre a los médicos, rehabilitación, darla paseos, hablar con ella, besarla, abrazarla, decirla lo mucho que la quería, lo guapa que estaba, etc. La mimaba y la consentía; la hacía sus comidas preferidas, disfrutaba de esos momentos porque sabía que mi madre no iría a mejor.

 

Según pasaba el tiempo, se iba deteriorando más, por mucho que nos esforzásemos por cuidarla lo mejor posible.

 

Nos cambió la vida de un día para otro, a nuestra madre y a nosotras, pero, a día de hoy creo que lo que hicimos teníamos que hacerlo.

 

Esta vivencia me ha servido para ver que me gusta ayudar a las personas mayores, que son muchos los que no tienen a nadie y si puedo echar una mano y hacer que se sientan mejor pues fenomenal, así yo también me siento bien.