Como educador he tenido el placer de poder compartir mi tiempo con personas mayores con gran dependencia y Alzheimer.

 

Sobre todo el aprendizaje adquirido con las personas mayores con Alzheimer ha sido el más gratificante.

Mi principal labor se centró en la preparación y desarrollo de actividades, con los ojos puestos en cumplir una serie de finalidades que repercutieran en la ralentización del deterioro, pero sobre todo en que fueran actividades con las que pudieran disfrutar. Principalmente mi función ha sido la de llenar el tiempo libre de estas personas a través del ocio.

 

Pero el ocio adquiere una visión negativa en nuestra sociedad, el ocio se relaciona con lo ocioso, sin embargo se convierte en un espacio donde las personas mayores con Alzheimer pueden fortalecer su dignidad e identidad, no hay nada más placentero que una persona a la que el Alzheimer ha borrado casi por completo su iniciativa, sea capaz de bromear, de reírse. No hay nada como ver como la persona mayor puede superarse, puede seguir esforzándose y lograr aquello que no cree capaz de realizar.

 

Incluso en aquellas personas en las que la capacidad de hablar ha desaparecido y el movimiento de sus brazos se ve mermado, el ocio puede servir para lograr motivar a moverse, así como en aquellas personas que tienen graves dificultades para comunicarse el escuchar una melodía significativa es suficiente para oírlas cantar.

 

Por otro lado el preguntarles sobre su pasado es otra forma de reforzar su yo interno, que en un entorno institucional se ve mermado, así el escucharlas relatar sus experiencias en el campo, en la tienda, nos regala una imagen de sus intereses, de lo que han sido y de lo que son.

 

Por ello mi función como cuidador profesional, es la defensa y fortalecimiento del yo de cada una de las personas que ha vivido, así como la defensa de su dignidad como persona que ha vivido una vida que ha tenido repercusión en la vida de otras tantas personas (familiares, amigos...).