Desde hace unos años me estoy dedicando al Cuidado y Acompañamiento de personas que por un motivo no pueden valerse por si mismos.


He estado acompañando a jovencitas que han salido de una recuperación de consumo, de cuidar a un adulto mayor en el ocaso de su vida, de acompañar voluntariamente a algunas residentes de una clínica de piscogeriatría y así he ido descubriendo mi verdadera vocación, he nacido para ser Cuidadora y Acompañante. A pesar de ser mamá de tres hermosos hijos adolescentes, me preocupo más por los que no pueden valerse solos… Es algo innato en mi condición de mujer y madre calculo...pero como todo, puedo decir mi última experiencia trabajando como autónoma me ha dejado una gran enseñanza más allá de lo objetivo.


Desde la subjetividad, desde la empatía he aprendido. Ahora voy a narrarles mi experiencia en ésta actividad.


El verano pasado, a través de un servicio que se llama Ciateac, me llamaron para ofrecerme el cuidado y acompañamiento de una señora joven, Silvia que sufría una discapacidad visual, con un pronóstico oscuro, porque en algún momento su “Retinosis Pigmentaria” la dejaría totalmente ciega, aunque al momento de comenzar mi dispositivo de cuidadora aún tenía resto visual, algo así como que veía por un tubito estrecho y con niebla turbia al final.


El caso fue, que desde el momento cero nos caímos muy bien, le gustó mucho lo que yo sabía y mi experiencia, y a mi me interesó el desafío de acompañarla, aunque me daba temor la condición de discapacidad que ella tenía y mi propia ignorancia. Sumado que ella no quería aceptar que se iba quedando ciega, se había negado a ir a una fundación que enseñan cómo abordar y gestionar la discapacidad dentro y fuera del hogar. Era mi trabajo y también el suyo lo que me frenaba a sentirme segura en el cuidado, ya que no sabía CÓMO lo debía hacer!


A medida que fueron pasando las semanas, y nos fuimos conociendo, mis cuidados hacia ella eran sobre todo evitar que se hiciera daño con algo dentro del hogar y fuera de él, como cuando íbamos al médico o a la peluquería o yoga. Básicamente YO era sus ojos y su alerta. En la fundación, luego que la convenciera de ir, le enseñaron, nos enseñaron algunas pautas fundamentales de cómo Caminar por la acera, de llevar un bastón color verde, porque ella aun tiene algo de visión, y de abordar desde una compra, utilizar el
transporte urbano, etc!. Todo esto suena fácil, pero es muy tedioso con una mujer joven, de 60 años que hasta hace una década conducía su propio vehículo y era autónoma totalmente.


Un día fuimos al centro comercial, ella de copiloto y yo conduciendo, por una ciudad muy grande con mucho tráfico, y yo sin saber por donde ir, ella trataba de guiarme, supongo por intuición y recordando como lo hacía,
- Acá, girar a la izquierda y agarra esa rampa, luego seguí al final y estaciona ahí…(yo no veía dónde estacionar, pero pensaba, siempre viene con el hijo ya sabrá porque me dice…)
- Y yo, Silvia, ahí hay una línea y una pared, dónde aparcó? En la pared?
- Nooo. Hija, que vamos a chocar! Todo terminaba en risa... 


Estas eran nuestras charlas, sin sentido, sin saber, un poco de absurdas y un poco de mecanismo de defensa para sortear una situación difícil que le toca, y a mi por ser su cuidadora, nos tocaba afrontar!
Un día me pide le ayude a comprar productos para hacer un Turrón de avena, con chocolate y vino oporto. Ella debía tener mucho cuidado con los fogones de la cocina, pero yo le guiaba, aunque muchas veces iba detrás suyo acomodando la cacerola, recogiendo lo que se desparramaba porque ella no veía la que iba armando! Pero al final todo salía bien, con sus palabras y su dulzura me enseñó a preparar además del Turrón de avena, otros postres caseros fabulosos. Yo le aporte seguridad, mi receta del Kéfir, y compartimos Reiki y Yoga.

Lo mejor de esa experiencia, los consejos, las palabras, el sentir que además de Cuidar, ella aprovechó el aporte del vínculo que tuvimos y a cuidarlo también.