Relato cuidadora profesional de María del Rocío para los Premios SUPERCUIDADORES.

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Que poca importancia damos a las cosas que tenemos, pero menos aún le damos a las cosas que podemos hacer cuando somos capaces, y son más importantes aún.

Qué fácil vemos saber el día en el que estamos, saber el día en el que vivimos, para todos nosotros es muy fácil. Continuamente, vivimos preocupados en el futuro que tendremos, en que llegue el fin de semana, en lo que haremos al día siguiente, tanto que no nos damos cuenta de vivir el momento.

En nuestro día a día, todo lo que hacemos para sobrevivir nos parece muy sencillo: vestirnos, bañarnos, comer, caminar. Todo lo hacemos de manera independiente, sin ayuda de nadie, casi sin pensarlo. Pero para vosotros, que convivís con esa enfermedad llamada Alzheimer, no lo es.

No me hubiera podido imaginar que después de ocho años siguiera trabajando, mano a mano, junto a ella. Si no igual, más fuerte que al principio. Yo, que siempre he luchado por la justicia, me sentía impotente de no poder hacer nada por detenerte, pensaba que no podría soportar tantas pérdidas. Pero, aunque nunca te lo voy a perdonar, tengo que reconocer que me has hecho aprender demasiado, no sólo como profesional, también de la vida y del ser humano. Me has hecho engancharme al saber que está pasando por vuestra cabeza en en cada fase que pasáis, en cada etapa y en cada momento de vuestra vida, y como buscar estrategias para poder mejorar vuestra calidad de vida.

Y es que, con mucha rabia, te he visto avanzar. En todo este camino he visto como muchas velas se han ido apagando lentamente y como otras se han apagado bruscamente. Aún así, he podido comprobar como el estado de ánimo, la motivación, el sentirse útil, la ocupación hace que vayas más lentamente. Y eso me ha reconfortado, por eso he seguido luchando para conseguir mis objetivos.

He sentido emociones que estoy segura que nunca hubiera podido experimentar. Nos has emocionado, nos has echo llorar, reír, sorprendernos. En alguna ocasión, también me has asustado y también he visto tus secuelas en alguna de tus inocentes víctimas. Como aún cuando habías hecho que alguien ya no hablara, le cantaba algo que sabía que les gustaba, se emocionaba y me sonreía, cuando hacía un momento que estaba enfadado. Sólo por eso, merece la pena, el
trabajo de tantas horas.

También, he podido comprobar que eres ambiciosa, una enfermedad de dos, porque no solamente te conformas con atacar a una persona, sino que tus consecuencias las sufre también los que están alrededor tuyo. Eres caprichosa, porque no entiendes de razas, culturas, sexos, religión, ni siquiera de edades. Sigilosa, poco a poco, en silencio, alfinal vas atacando sin que tus víctimas se den cuenta. No tienes piedad, cuando atacas a alguien, no te retiras hasta que no ganas la lucha. Incurable, hubo en una ocasión que he visto que hablaban dos personas con la enfermedad, de otra que también la tenía con un deterioro mayor. Estas dos personas aún eran bastante independientes. Una le preguntaba a la otra:


- ¿Qué le pasa?
- Tiene eso que le llaman Alzheimer... creo que también es lo que dice el médico que tengo yo.
- Y ¿cuánto tarda en curarse?
- No sé, el médico me ha mandado unas pastillas, haber si puede ser..


Aún así, te tengo que agradecer otras muchas cosas, todos esos recuerdos y conocimientos, que tengo y que van llenando mi mente cada día. El poder ir a trabajar sin importarme y el echarlo de menos cuando estoy de vacaciones. Porque como terapeuta ocupacional, soy muy afortunada de poder pasar el mayor tiempo de mi vida haciendo lo que me apasiona: trabajar para que seáis independientes el mayor tiempo posible, y sobre todo de haceros sentir que antes de enfermos, sois personas.

Aunque deberías ser mas piadosa, no importa los millones de personas a los que ataques, siempre que haya gente que como nosotros, te haga frente. Porque me enorgullece y emociona cada vez que hablo de mi vocación y de mi profesión, seguiré trabajando por luchar contra ti, ALZHEIMER.

 

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