Relato cuidadora familiar de Inmaculada Hidalgo Serrano para los Premios SUPERCUIDADORES.

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Dedicado a la persona que me dio la vida y me hizo crecer como ser humano”

Comprender a un ser humano es de por sí complicado, pero intentar ayudar a un ser querido cuando comienza a tener deterioro cognitivo resulta ser una tarea difícil en tu vida, sobre todo, si se intenta resolver desde la razón sin los conocimientos necesarios.

No me acuerdo cómo comenzó todo, al principio repetías las cosas, se te olvidaban otras, tu carácter empezó a cambiar y yo no entendía el por qué. Será la edad… Pero cuando empezaste a no querer ducharte o no querer cambiar las sábanas de tu cama algo más estaba sucediendo. Cuando pensabas que tu doctora favorita te quería envenenar con el hierro que te hacía falta para la anemia o cuando empezaste a rechazar a tu hijo, al que tanto habías mimado, porque pensabas que te quería hacer daño,… algo iba mal. Porque nadie te robaba, sólo cambiabas las cosas de lugar.

¿Qué podía hacer para ayudarte? Estaba desesperada, me encontraba sola y sin apoyo, era imposible llevarte a un médico para averiguar qué te pasaba. Llegas a un punto que te sientes inútil, sientes que la situación es insoportable, quieres ayudar y no puedes, quieres solucionar y no sabes. No puedes ser feliz porque no sabes ayudar a tu madre. Te preguntas cómo es posible ser capaz de resolver problemas tanto personales como profesionales y no saber cómo solventar este día a día que había cambiado.

Cuidar a un familiar y que sea tu madre es un reto complicado. Tu madre sigue siendo tu madre aunque tengas 100 años. Tu eres su hija, su niña, su zurrapita. Los papeles cambian, y ahora debo ser yo quien te cuide y proteja. Pero es difícil, no lo aceptas, porque tú eres la matriarca, eres la que manda en tu vida y en tu casa. Aprendí que no consigues nada desde la imposición. Se consigue con trucos, se consigue con amor. Fue un reto difícil pero no imposible. Desde el corazón se puede conseguir todo.

Fue difícil, ha sido el reto más importante de mi vida y el que me ha hecho crecer como ser humano, me ha llenado de paz y amor. He aumentado mi asertividad, mi empatía y comprensión. Aprendes que aunque seas muy fuerte, tú sola no puedes, se necesita apoyo. Aprendes a ser simple, a ser feliz con una sonrisa, con un abrazo, a emocionarte con los gritos de felicidad de tu madre cuando vuelves del trabajo al verte entrar por la puerta.

Lo más hermoso que me dijo es que se sentía tan querida por mí que notaba como si yo fuera su madre. Esto jamás se me olvidará mamá.

La cara es el espejo del alma y cuando estamos desesperados y ansiosos por dentro no podemos disimularlo. Ellos lo notan y te rechazan. Hay que cambiar, debemos cambiar nosotros y no ellos. Si nosotros cambiamos y damos paz y armonía, ellos están más tranquilos y todo es más llevadero. ¡Qué difícil es hacer entender a familiares, a personal sanitario y a la sociedad en general que somos los que debemos cambiar!

¿Cómo lo conseguí? Pues tuve que ir al psicólogo para entender que estaba “quemada” y que no era asertiva con mi madre. Mi vida tenía pocos pilares y se estaba tambaleando, aparentemente era fuerte porque tenía un caparazón como las tortugas donde escondía mis sentimientos. Leí varios libros relacionados con demencias, cuidados de personas mayores, cursos especializados, asistir a charlas con familiares en la asociación de Alzhéimer y aprender de la experiencia de otras familias. Esas cosas que no parecían normales en ella, ya las podía entender. Reduje mi jornada laboral y así tenía más tiempo para formarme y cuidarla.

El camino más rápido y fácil era ingresarla en una residencia. Aposté por cuidarla en casa.

Mi madre murió el 19 de Abril y se murió feliz y arropada por sus hijos. “Mamá te marchaste cuando ya eras feliz, cuando ya no solo éramos madre e hija, sino compañeras y amigas de un apartamento ficticio que era tu propia casa, cuando a veces pensabas que era una muchacha muy buena que te cuidaba”. Qué triste y a la vez que bonito cuando me decías que no sabías por qué me querías tanto, que me querías como a una hija.

Hace cuatro años dentro de mi desesperación quise huir, tener mi vida, y eso me hizo rechazarme a mi misma y pensar que era mala hija y mala persona. Te sientes tan mal que ya no deseas estar viva. Pero decidí que tenía que luchar y cambiar, decidí que era complicado pero no imposible. Que igual que fue un reto terminar la Ingeniería casi de seguido y lo conseguí, también podía ser la mejor cuidando a mi madre. Y lo conseguí. ¡Mamá, lo conseguimos juntas!

Me pusiste el listón muy alto, pero igual que cuando niña lograba saltar el elástico cuando se ponía a la altura de la cabeza, pude lograrlo. Conseguí tu amor y tu confianza. Tu felicidad me ha dado la felicidad y tu paz me ha dado mi paz. Mi mejor maestra, mi madre. Enseñándome hasta el último momento que sí puedo.

Esta sociedad entiende que hay que cuidar a los niños, a los discapacitados físicos, pero aún no está lo suficientemente preparada para cuidar y ayudar a enfermos y familiares de discapacidad psíquica y demencias. Podemos ayudar a mejorarla con empresas de formación especializadas, con la comunicación de nuestras vivencias. Podemos ayudar a aquellas personas que se encuentran en fase de desesperación aportando nuestras experiencias.

Doy las gracias a mis familiares, amigos y compañeros de trabajo por su apoyo; a su médico de cabecera, a la enfermera de enlace, a la trabajadora social que se preocupaban por cuidar a la cuidadora.

Gracias al WhatsApp, el cual me permitía estar con amigos en silencio, sin molestar a mi madre y tener el consuelo y el apoyo que a veces necesitaba para seguir adelante.

 

“Gracias a ti mamá he podido conocer a muchas personas, muchas personas buenas que creemos que no existen pero están ahí para tenderte una mano y ayudarte si se lo pides”.

Y por último os doy las gracias por leerme y espero que sirva para ayudaros en algo, sobre todo a aquellos que lo veis todo oscuro y aún no tenéis la solución. ¡Ánimo!

 

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