Relato cuidador profesional de Marisol García para los Premios SUPERCUIDADORES 2017

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Cada vez que te “ato”, se me parte el alma. Me quieres pegar, a veces con éxito. Me protejo, te miro, te doy tiempo a que te tranquilices antes de terminar de “atarte”, pero ahora sí, sin éxito, claro.

Intento ponerme en tu lugar y sólo se me ocurre acabar cuanto antes, darte las buenas noches, a pesar de tan tremenda ironía, cerrar la puerta y olvidarme de ti hasta el día siguiente.

Quiero que sepas que no me siento culpable, sólo estoy haciendo algo que está permitido, pero sí me siento fatal por hacerlo, y por eso decidí dejar mi puesto de trabajo como auxiliar de geriatría en ese lugar, pensando así que, si no te veía, no lo tendría que hacer otra vez.

Quiero que sepas que me fui a otro sitio lejos de aquí, dónde las sujeciones a las personas enfermas de Alzheimer como tú no están permitidas, pero era tan lejos y echaba tanto de menos a mi familia, a mi tierra, que decidí volver, y al mismo lugar porque me remordía la conciencia de haberme ido sin intentar involucrarme un poco más y hacer algo positivo, pero claro, tú ya no estabas.

Quiero que sepas allá donde estés, que aquí están cambiando las cosas, aunque muy lentamente, claro, y que se sigue sujetando pero no tengo que “atar” a nadie a la cama y ser partícipe de dejar a esa persona enferma y totalmente dependiente como si fuese una presa, lo siento, así lo veo yo. Ahora, como auxiliar de geriatría por vocación que sigo siendo, continuo sujetando cuidadosamente a personas y cuando quieren levantarse y no pueden porque están sujetas, me pongo en su lugar y sólo se me ocurre estar con ellos el poco tiempo que me queda entre labor y labor, tiempo que a veces saco del mío propio, y trato de tranquilizarlos haciéndoles un masaje en las piernas, en la cabeza o simplemente sentándome a su lado unos segundos, esos segundos tan valiosos, y hablándoles con una voz dulce y echándoles la mejor de mis sonrisas, esa que sale desde el corazón. Sabes que ya lo hacía antes, pero ahora con la esperanza de que en un futuro no muy lejano, me respondan con su sonrisa.

Quiero que sepáis, que con este relato no busco un premio, ni entrar en un conflicto ético, ni criticar a nadie, tan sólo busco una oportunidad para deciros que por favor, no nos olvidemos del significado de la palabra CUIDAR que para mí es sinónimo de HUMANIDAD y aprovecho también esta oportunidad, para reivindicar de que construyamos un modelo mejor de bienestar para todos “y que no me tengan que pegar porque les voy a sujetar”.

Quiero que sepáis, y ya para terminar, que cuando quito la sujeción veo libertad. Eso es DIGNIDAD.  

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