El 30 de octubre de 1989, nació una persona muy especial, el que era biológicamente primo, pero sentimentalmente un hermano.

 

Javier, una persona que me ha cambiado, nos ha cambiado la manera de ver la vida y de asumirla presentándonos grandes retos para afrontarla y fuerzas para asimilar las nuevas necesidades y apoyos que necesita. Javier es un adulto, aunque siempre será un niño para mí, querido por su familia y admirado por todas aquellas personas que tienen el placer de conocerlo.

 

Gracias a él, he aprendido a vivir de otra manera, conocer sus dificultades y a la vez admirar sus capacidades y maneras de comunicar sus sentimientos, gustos y deseos. Nos conoce a todos los que le acompañamos día a día en su vida, y cada uno somos especiales para él de diferente manera.

 

Le encanta escuchar música, pero sobre todo que su tata le ponga esa jota que desde pequeño recuerda en su memoria y tanto le gusta. También, adora que le contemos cuentos: los tres osos y Caperucita Roja.  Esa sensación de alegría que evoca, consigue sacarme una gran sonrisa y poder disfrutar de ese pequeño momento que me brinda.

 

Por contra, he de añadir que también tenemos momentos que no son tan buenos. No nos engañemos, no todo son momentos de alegría. En ocasiones nos enfadamos y el mal humor supera mi paciencia. Pequeñas circunstancias que permiten conocerlo un poquito mejor y saber cómo se ha de responder a sus demandas.

 

Mi tato, es una persona gran dependiente que requiere de un cuidado y una atención continua. Por ello, me gusta dedicar mi tiempo a sus cuidados y contribuir a su bienestar físico y emocional. Es una persona única que, haciendo un balance, me aporta, enriquece y hace crecer más de lo que yo creo que soy capaz de ofrecerle a él.