Cuarenta años dedicados a las personas con discapacidad me han llevado a recopilar reflexiones, emociones, sentimientos, momentos de alegría, angustia y tristeza, que han inspirado en mí, la atención y el cuidado hacia los demás.

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Cuarenta años dedicados a las personas con discapacidad me han llevado a recopilar reflexiones, emociones, sentimientos, momentos de alegría, angustia y tristeza, que han inspirado en mí, la atención y el cuidado hacia los demás.

 

Como enfermera comenzaba la mañana administrando cuidados, llevando en mi carro las ilusiones del nuevo día….

¡No temas! Iré a ofrecerte cuidados de esperanza, como junco de lirio empujando mi carro plateado cubierto de esencia de romero, añil y albahaca. Te daré chocolate y vainilla, azúcar de nata, jarabe de limones. Te limpiaré‚ con gasita de seda e hilvanaré cuidados de encaje y hasta bolillos de grana.

Comienzan los cuidados de la mañana. Los buenos días con las duchas, transferencias y programas….

Como siempre la mañana es tormentosa, llena de murmullos, carreras en pasillos, grúas de ámbar. Suenan crujidos en las vértebras y los brazos son de chapa. Las horas no cesan, las agujas están paradas, el tiempo se hace azúcar, el sudor corre por las caras y las manos están cansadas. Los cuerpos mojados entre aromas de azahares y jabones fermentados... Que magnífica paz nos arrebata cuando el turno está completo y no tenemos que zigzaguear como águilas de nieve.

Los talleres sería lo primero que te enseñarían si nos visitaras.

Abiertas están las puertas de los talleres de luna y magia, que dan fruto a bonitos paisajes, luminosas caras, cordones trenzados, floreros de vidrio, tapices hilados y alfombras de lana. ¡Ingenio que no falta! Son como una brizna de viento y como una ventana, que permiten dar vida a los sueños. Disfrutan con la admiración de las visitas al contemplar sus obras.

La ilusión de la mañana: su escuela.

Vamos al colegio, se escucha en el pasillo. Escuela de almas que está en un rinconcito de esta morada mágica. Sus pupitres de madera, sus atriles blancos, el perfume de papeles pintan este espacio embrujado. Resuenan las lecturas en el aire de letras impresas y los bellos vocablos. Brisa de inteligencia que espesa alentada por la cálida fuerza de su maestra.

Fisioterapia. Campo esencial del cuidado.

Llega la hora del paseo ¡para los que pueden! La fisioterapeuta los acompaña, entre prótesis de espuma y andadores de nácar. Al contemplarlos pienso ¡cuánto me gustaría! Más fortaleza en los músculos, que las sillas se esfumaran, sentir carreras en el patio y las piernas aladas.

Me rearmo y les digo ¡lo bien que van y como aguantan! Les lanzo un olé de esperanza.

Todas las noches viene a por su medicación y un ratito me acompaña.

Con la noche, espero la llegada de mi amiga, ella siempre me acompaña. Despacito ya asoma su silla y su cara de nata, su sonrisa de almendra, su barita de ayuda que palia la falta. Buenas noches me dice, le doy sus pastillas y me quedo mirándola. Observo la luz de sus telas y escucho su voz entrecortada. Soy su enfermera, me busca y sin saberlo regala consejos de abuela, es mi reina encantada.

El desvelo de las madres que llaman

¡De nuevo es el teléfono, madre protectora cuantas veces llamas! A sus más de ochenta años aún le quedan fuerzas en el alma. Su búsqueda ha sido imparable y su mirada no para. ¡Como aprecio el fermento de amor por ese hijo que no anda! ¡Cuántas lágrimas derramadas! por ese hijo que no habla. Quisiera regalarle para su cumpleaños sosiego y calma.

Reanimación en la ambulancia

Perdí tu pulso y tu pecho no temblaba, la palidez violácea de tu rostro hizo secar mi garganta y sin dudarlo arremetí aire en tu boca con las fuerzas que me quedaban. Creo que pude darte vida con mi afán de prolongar tu existencia. Vuelves débil, pero seguiré escuchando tu voz todas las mañanas.

Recuperándose en observación

No habla, pero llama a su enfermera, a mí. Al tomarle la mano me responde con una mirada inteligente que busca ayuda para restablecerse.

Llegan las voluntarias 

Que contentos se ponen todos cuando llegan las voluntarias, grupo de jóvenes dispuestos al ofrecimiento de su tiempo. Se multiplican las salidas, por el suelo las guitarras, canciones en los pasillos, los coros pasean. Gritos de alegría he llegado a escuchar a su llegada. Alumnas concepcionistas que vienen de todos los puntos de España, para acompañarlos y regalarles momentos de compañía y mimo.

- ¡Que contenta estará Madre Carmen Salles, su fundadora! Es como una brisa íntima que recupera el tejido que se siente en el olvido.