Mi nombre es Judith y soy cuidadora de dos personas maravillosas que me han hecho ver la vida de desde otra perspectiva.
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Mi nombre es Judith y soy cuidadora de dos personas maravillosas que me han hecho ver la vida de desde otra perspectiva.
Al ser cuidadora de personas mayores con grados de dependencia te das cuenta de que tienes mucha historia ante tus ojos; de saber que fueron unos bebés que un día llegaron a dar vida a un hogar, que de igual forma fueron niños, adolescentes, que disfrutaron de juegos y travesuras; y que de adultos enfrentaron la vida con mucha entereza, firmeza y mucha responsabilidad ante una sociedad que lo demandaba en su momento.
Ser cuidadora te abre el corazón para que fluya la empatía, la nobleza y sobre todo la paciencia. Ser cuidadora te enseña que cada día es un logro más, un día que suma, no que resta. Porque hay que dar paso a celebrar la vida, no importando si tienes un año como si tienes cien. La vida es igual de importante.
Ser cuidadora me ha llevado a ser ese instrumento de apoyo tanto físico como emocional al saber escuchar con atención, a mirar con atención. A que mis manos sean extensiones de alivio, de guía y de fuerza.
Gracias yayos, Hortensia y Tomás Pérez por permitirme y enseñarme tantas cosas bonitas que tiene la vida.

