Nació un 8 de mayo de 1930. Su nombre Consuelo.

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Nació un 8 de mayo de 1930. Su nombre Consuelo.

La mala fortuna hizo que contrajera la “polio” siendo una niña provocándole severas consecuencias a nivel físico que hizo que su vida cambiara de manera radical.

Cuenta que llegó al asilo subida a un carro de caballos el día de su noveno cumpleaños y que fue muy bien acogida por Sor Florencia y Sor Francisca, dos de las monjas que por aquel entonces regentaban la institución.

Desde una edad bien temprana, recuerda, tuvo que ponerse a ayudar en lo que podía: desde fregar y abrillantar suelos arrastrándose porque no podía sostenerse en pie, hasta cuidar enfermos.

Le fue negado el derecho a estudiar porque era hija de madre soltera y eso, en aquella época, estaba muy mal visto.

Desde entonces una y mil anécdotas: cómo iban en busca de patatas por los pueblos en la época de la hambruna pues, aunque criaban cerdos, nada era suficiente para abastecer de comida a las personas que eran atendidas allí, cómo algunos compañeros se escapaban a alguna fiesta saltando por las ventanas dejando las almohadas en las camas para engañar a la supervisora e incluso los amoríos surgidos entre aquellas paredes.

Rememora cómo vivió un incendio que asoló uno de los pabellones dedicados a cirugía y cómo, gracias a la solidaridad del pueblo, pudo ser extinguido haciendo una cadena humana con cubos de agua.

Ella misma nos cuenta, cómo el destino quiso que, unos cuantos años después, su madre llegara a la institución para ser atendida, y fue quien la cuidó hasta el final de sus días.

A Consuelo le encanta viajar: visita cada año el Santuario de Lourdes en Francia, acompañada por la Asociación Hospitalidad de Lourdes de Asturias; visitó Santiago de Compostela, Covadonga, A Coruña y el Santuario de la Virgen del Acebo. Gracias a la adquisición de un vehículo adaptado por parte de la entidad, pudo visitar por primera vez la iglesia de su pueblo un año antes de la pandemia, y con ella recorrió los pueblos del entorno, incluyendo Otur, el pueblo donde nació y a donde no había vuelto desde pequeñita. Raro es que le planteemos ir a algún sitio y que nos dé un no por respuesta.

Y ahí, en lo que era el asilo, actualmente residencia ABHAL, continúa viviendo Consuelo casi 90 años después, siempre con una sonrisa en su cara y un gracias en la boca.

Una historia de superación, sencillez, adaptación, resiliencia y optimismo que merece la pena ser contada y que no caiga en el olvido porque Consuelo es ejemplo, es lucha y es el espejo donde mirarse en una sociedad que tiende a lo inmediato, a lo individual y a lo material.

Gracias, Consuelo, por ser ejemplo.

¡Por muchos años más a tu lado!