En una época de mi vida sentí la necesidad de ser madre porque me parecía muy importante y realmente lo fue, pero no todo es alegría cuando nace un hijo, por diferentes causas, en mi caso, su llegada me hizo comprender el significado de ayudar a los demás y si es a tu hija mucho mejor.

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En una época de mi vida sentí la necesidad de ser madre porque me parecía muy importante y realmente lo fue, pero no todo es alegría cuando nace un hijo, por diferentes causas, en mi caso, su llegada me hizo comprender el significado de ayudar a los demás y si es a tu hija mucho mejor.

Mi historia es fruto de la experiencia que hemos vivido mi hija, mi madre y yo. La llegada de un hijo siempre es una alegría, pero alguna vez esa alegría se convierten en un problema difícil de afrontar cuando eres joven y nadie te ha enseñado a ser madre.

Mi primera hija nació con el síndrome de Down y desde el minuto cero de su vida fue una gran luchadora, hasta el día de hoy ha conseguido disfrutar de una vida normalizada, para ello contamos con la ayuda de su abuela, una mujer luchadora que no ceso ni un momento de ayudar a su nieta, por lo que nos convertimos en un equipo de tres que luchábamos por lo mismo, mi hija por vivir, mi madre por cuidar a su nieta y yo por buscar todos los recursos necesarios para mi hija.

El primer asunto que se tuvo que afrontar fue un parto prematuro con un peso de un kilo y pocos gramos y una cardiopatía por la que peligraba su vida, después de cuatro meses en la incubadora, llego a casa, allí estaba su abuela para vivir de otra manera.

Las primeras noches fueron muy duras, pero resistimos.

La niña fue creciendo y su primer encuentro con el colegio que debía asistir fue un fracaso, los profesionales ponían todo su interés, les faltaba conocimientos educativos por lo que me toco “patear” varios centros de educación especial y de educación básica, pero ninguno cumplía los requisitos que yo quería para mi hija.

Llego un verano y cumplió cinco años, los niños de su edad bajaban a los jardines de la urbanización para nadar, montar en bici… ella también fue con su hermana, que era más pequeña pero sabia cuidarla, con la natación no tuvo problemas, parecía que se estaba pegando con el agua, pero nadaba muy bien, el montar en bici se resistía, una tarde sacando las bicis me dice:

  • No mamá, la mía no la saques, no quiero hasta que no sepa montar bien.
  • Pero si ya casi sabes montar bien.
  • Mamá, es que hoy hacemos una carrera y ella tiene miedo si lo hace mal y no quiere ir - dijo su hermana.
  • Pero si vosotras me ayudáis iré a la próxima carrera con todos ¿me ayudáis?

Esa fue la primera vez que nos pedía ayuda y se la dimos. Todas las tardes de verano, nos íbamos a montar y en poco más de 30 días domina su bici, esto fue una muestra de superación.

Seguíamos con su programa de actividades, contábamos con la ayuda de su hermana, sobre todo para cuando estaban en los jardines jugando. Un día llegó un informe médico y el resultado del estudio realizado, debía ser intervenida de una luxación de ambas caderas. A los pocos días entramos en el quirófano, yo para estar con ella y ella para ser operada, me dejaron estar con mi hija hasta que hizo efecto de la anestesia. Las horas que duró la operación, los dos días que estuvimos en la UCI, nunca lo olvidare, entre llantos y quejas, me dijo:

  • “Mamá dónde estoy? ¿qué me han hecho? ¿estoy muerta?.
  • No hija estamos aquí las dos juntas.
  • No me dejes sola mamá.
  • No hija nunca te dejare”.

Mucho tiempo ingresadas en el hospital, muchas horas de rehabilitación, muchas consultas médicas y nueve meses en casa, mi hija comenzó a caminar, esto fue una demostración de valor incomparable.

Momentos de éxito tuvimos, pero también hubo situaciones complicadas como cuando le dijimos que su abuela ya no estaba aquí, pero otra vez nos dio una buena lección:

  • Ya sé lo que ha pasado, estaba enferma y se ha ido al cielo, pero gracias por decírmelo.
  • ¿Y ahora que vamos a hacer?.
  • Cuidarte.
  • Gracias os quiero mucho.

Viendo la necesidad de tener una organización social que garantizase una atención especializada a todos las PCD, primero creamos una Asociación que se trasformo en Fundación, donde se atienden a personas con discapacidad.

Me enorgullece decir que tuve la suerte de crear la Fundación de la que ahora soy presidenta.