Mi trayectoria como cuidador profesional comenzó en el SESCAM, donde aprendí que el cuidado va más allá de lo técnico: es humanidad, presencia, empatía.
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Mi trayectoria como cuidador profesional comenzó en el SESCAM, donde aprendí que el cuidado va más allá de lo técnico: es humanidad, presencia, empatía. Aquella etapa fue mi primera gran escuela, en la que descubrí que el respeto, la dignidad y la vocación son los pilares fundamentales del verdadero cuidar.
Hoy continúo esa vocación en el Hospital Nacional de Parapléjicos, donde acompaño a personas que han visto transformadas sus vidas por una lesión medular. Mi labor diaria consiste en brindar cuidados de enfermería, movilizaciones, aseo y compañía emocional. Porque el cuerpo necesita atención, pero el alma también. Cada intervención técnica es, al mismo tiempo, un acto de respeto y un mensaje: “estás acompañado, sigues siendo tú”.
Uno de los regalos inesperados de esta etapa ha sido el reencuentro con antiguos compañeros del SESCAM. Volver a trabajar con ellos, en un ambiente de compromiso, profesionalismo y compañerismo auténtico, ha reforzado en mí la certeza de que cuando se cuida en equipo, se cuida mejor.
En todo este recorrido, he vivido momentos duros, pero uno de los más profundamente conmovedores fue el fallecimiento de mi padre en casa. Apliqué todo lo que sabía, intenté reanimarlo… pero no sirvió de nada. Esa impotencia me enfrentó al límite real del cuidado: cuando no se puede hacer más, el cuidado se convierte en presencia, en amor silencioso. Ese día me rompí… pero también crecí. Entendí que estar es, a veces, el acto más valiente y necesario de todos.
Hay personas que dejan huella sin proponérselo. Uno de esos casos es Carlos, un paciente con lesión a nivel C2, que merece toda mi admiración. Su afán de superación es una lección diaria. A pesar de la gravedad de su situación, su actitud, su fuerza interior y sus ganas de avanzar inspiran a todo el equipo.
Carlos me ha enseñado que la verdadera rehabilitación no empieza en el cuerpo, sino en la mente.

