En una ciudad muy especial, considerada la más avanzada del planeta, un día fueron convocados en el Hotel de la Calle Real: Compasión, Respeto y Tolerancia.
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En una ciudad muy especial, considerada la más avanzada del planeta, un día fueron convocados en el Hotel de la Calle Real: Compasión, Respeto y Tolerancia.
La reunión, organizada por Amor y Servicio —una pareja dulce, acoplada y ecuánime— tenía un objetivo claro: planear actividades para invitar a los humanos a remodelar sus Mansiones Internas. Desde hacía un tiempo, con la ayuda de Consciencia, habían visitado muchas de ellas y las habían encontrado mustias y desoladas.
Era urgente hacer ampliaciones, derribar muros, desechar trastos viejos y sobre todo limpiar. Consideraban que este cambio no solo beneficiaría a los hogares internos, sino que también haría brillar más a la ciudad y transformaría el comportamiento de sus habitantes, permitiendo que Cordialidad y Armonía se manifestaran entre ellos.
Se habían acumulado muchas cosas por costumbre. Las casas reflejaban el estado emocional de quienes las habitaban, y en muchas de ellas Tristeza, Frustración y Ansiedad habían echado raíces. Si no actuaban pronto, la ciudad perdería su luz.
Compasión explicó que había intentado visitar algunas moradas internas, pero pocas veces era bienvenida. Los muros eran demasiado estrechos y, en casi todas, vivía un ser llamado Ego, quien no le permitía el paso. Propuso abrir ventanas corredizas en los techos para que entrara Luz y así llegara Claridad. También sugirió crear jardines internos y sembrar semillas de Gratitud y Esperanza, podrían generar un ambiente más propicio para el crecimiento individual.
Respeto y Tolerancia estuvieron de acuerdo e insistieron en invitar a Generosidad, pues su ayuda sería indispensable. Agregaron que muchas casas estaban dominadas por un malhumorado de nombre Orgullo, casado con Soberbia, una pareja insoportable que se alimentaba mal y no permitía la entrada de sus parientes Nobleza y Humildad. Consciencia, mencionó que había observado que cuando Humildad lograba entrar a una casa, la estructura se fortalecía y se volvía flexible, capaz de resistir los embates del tiempo y de las dificultades.
Amor y Servicio escucharon atentos. Coincidieron en la necesidad de crear un plan estratégico que facilitara las remodelaciones.
—Podemos llevar un impulso que los ayude a soltar lo que ya no sirve —dijeron—. Algo que motive al cambio y haga comprender a los dueños que ciertos inquilinos deben marcharse, y así dar la bienvenida a nuevos huéspedes.
Se pusieron manos a la obra y diseñaron diversos planes. Implementarían experiencias, retos y crisis como herramientas clave para iniciar las remodelaciones. No sería fácil, pues muchos habitantes de la ciudad temían los cambios y preferían aferrarse a lo conocido, incluso aun cuando esto les causaba mucho dolor y sufrimiento.
En una casa, la enfermedad de un pariente exigiría la atención de un familiar. Al aceptar el reto, postergaría sus planes y, con la ayuda de Amor brindaría el cuidado. Allí, Fe sería fundamental para traer de vuelta a Confianza. Sin ella, la desesperanza haría que todo pareciera más difícil. Aceptación y Compasión acompañarían el proceso, enseñando a Ego a convertirse en un buen servidor.
Durante la remodelación podrían aparecer Rabia y Tristeza. Si eso ocurría, se recomendaría llamar a Sabiduría, quien conocía formas ancestrales de apaciguarlas. Era clave actuar antes de que llegara Resentimiento, cuyas raíces eran difíciles de erradicar. En esos casos, Perdón sería capaz de disipar su influencia.
En otras casas, surgirían problemas de pareja, en otras dificultades económicas y, en la prueba más desafiante, la partida de un ser querido. Fortaleza fue invitada a participar, pues explicó que su presencia ayudaba a sostener a los habitantes en momentos de crisis, permitiéndoles atravesar las tormentas sin derrumbarse.
Tal como lo planearon, los retos llegaron… y con ellos la transformación.
Con el tiempo la ciudad comenzó a resplandecer con una luz especial. Las Mansiones Internas brillaban con colores nuevos y vibrantes; lo marchito y lo roto fue desapareciendo. Los espacios cobraron belleza y amplitud, y las ventanas abiertas, permitieron la entrada de Luz y Alegría.
La ciudad se convirtió en un ejemplo y el experimento se replicó en diversos países y, hoy en día, las Mansiones Internas son patrimonio de toda la Humanidad. Aquellos que alguna vez temieron cambiar comprendieron que la verdadera riqueza está en la capacidad de renovarse internamente.
A casa llegó la enfermedad y cuido a mi madre. Superando muchos retos y los que aún quedan por vivir, comprendí que estas experiencias no vienen para hacernos sufrir, sino para hacernos más fuertes, más sabios, compasivos y amorosos y lo aplico en el cuidado.
Es así como entendí que el AMOR quiso crecer dentro de mí, doy gracias a Dios.

