Año 2020. Algo inesperado va a acontecer en nuestras vidas.

Soy una mujer que, al llegar a España llena de ilusiones, comenzó a trabajar como interna en una casa, cuidando a una abuelita como de 90 años que sufría de Alzheimer. Yo sin saber mucho de aquella enfermedad, pero bajo instrucciones de sus hijos, me dediqué a cuidarla.

Ellos siempre han estado conmigo, en todas las fases de mi vida, en los buenos y en los malos momentos. Nos lo hemos pasado fenomenal juntos, en reuniones, en viajes y en actos varios.

Todos los días nos preocupamos por nuestros abus, pero hoy voy a hablar de ella, esa persona que lo está pasando mal siempre, que no es positiva, necesita del empuje de alguien y la búsqueda de una meta para poder llegar a su destino.

Si mis hijas supieran de nuestra amistad no me creerían. Pensarían que estoy loca, que he perdido la cabeza, lo que agravaría su insistencia y las ganas de ponerme a una mujer en casa.

Todo empezó cuando un día me comunicaron mi ERTE como conductor, el 16 de marzo. ¿Y qué hago ahora fue la pregunta? Tras 5 años como camarero y dos años como conductor, nada había claro. Entonces empecé a buscar trabajo y vi que, en el sector sociosanitario sobre todo de residencias, la llamada fue desesperada.

Hola, mi nombre es Cintia y me gustaría contarles mi historia.

Lo que voy a relatar a continuación son una serie de acontecimientos que han devenido en cómo dos enfermas se cuidan la una a la otra.

Estaba sentada en el sillón. Se había quedado dormida después de la comida y ahora tocaba el café, pero esperé un poco y la observé.