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Soy Alicia Chamorro, fundadora de Cuéntame algo que me reconforte, un equipo de profesionales que crea audiocuentos personalizados para familias en Cuidados paliativos pediátricos: los pacientes más pequeños con enfermedades irreversibles, limitantes para la vida y en fase terminal. Con textos, música y voces originales, inventamos el mundo que les hará soñar despiertos y olvidar por momentos la dura y dolorosa realidad en la que se encuentran.

Ayudamos a que sigan siendo y viviendo como niños hasta el último día de sus vidas.

Nuestras historias mejoran visiblemente su calidad de vida, les hacen sentir que son los protagonistas fantásticos de su mundo, acompañan en el sufrimiento y es un eficaz instrumento de comunicación entre los miembros de la familia, ayuda en la despedida y les apoya en el duelo además de permanecer para el futuro como legado de la vida del niño o niña.

 

Sin ánimo de recomendación ya que cada caso real es muy complejo y debe llevarse de manera particular, este cuento no fue escrito para nadie, o quizá pensaba en todos… os presento la historia de una despedida. Es Zazá, un pajarillo que tiene que marcharse más allá de las montañas…

 

Zazá

Invierno

Zazá es un pájaro muy alegre y cantarín. Tiene los ojos brillantes y oscuros como canicas hechas con el cielo de la noche. Duerme en el árbol más alto de un bosque muy animado.

 

Rui es la mejor amiga de Zazá. Cuando el horizonte se viste de naranja, Rui se sube a la Gran Roca, estira el cuello, y canta las melodías más bonitas que se oyen del mar a las montañas.

 

Zazá:

Canta alto, Rui,

que está saliendo el sol.

¡Buenos días mamá,

buenos días papá!

 

El día que nació Zazá, su papá le fabricó un cascabel con un pétalo amarillo envolviendo dos pequeñísimas conchas de mar.  La mamá de Zazá vuela lejos para traer las mejores hebras: blancas y calentitas.

 

Zazá:

Mamá, eres tan suave…

mucho más que el algodón.

Abrázame más fuerte,

quiero oír tu corazón.

 

Hoy Zazá ha visto en lo alto una nube un poco extraña: una nube de cristal. Iba sentado en ella un esquimal, sonriendo y sereno. Le llevaba más allá de las montañas.

 

Zazá:

Mamá, he visto una nube.

¡Una nube de cristal!

¿Más allá de las montañas

alguien ha estado ya?

 

Mamá:

Más allá de las montañas

todos tendremos que viajar.

Unos antes, otros más tarde,

para todos llegará.

 

Primavera

A Zazá le encanta bajar en picado a toda velocidad, enderezar su pluma-guía y sobrevolar el suelo a ras. Pero siempre lejos de las flores.  Si se asustan pierden el color.

 

Zazá se acuerda a veces de que él también tiene que marcharse más allá de las montañas. Le asusta un poco, pero sabe que tiene que prepararse. Nadie que conozca ha viajado tan lejos el bosque. Zazá ve pasar dos preciosos caballitos de mar en una mariposa de cristal. Ríen y hacen pompas de jabón con sus hocicos de flauta. Deben venir desde muy lejos. Desde el árbol no se puede ver el mar.

 

Zazá:

Más allá de las montañas…

¿No me perderé, mamá?

¿Tengo que ir yo solo?

¿Quién me llevará?

 

Mamá:

No te inquietes, mi tesoro,

porque no te perderás.

Desde el cielo, con la luna,

el mar inmenso brilla más.

 

Verano

A Zazá le gustaría quedarse en el bosque. Le fastidia la idea de tener que irse.

 

Zazá:

¿Tú sabes, mamá,

que me tengo que marchar?

 

Mamá:

Sí lo sé, cariño mío.

Todos saben que te irás.

 

Papá:

No podemos retenerte.

No te puedo acompañar.

Todos piensan en tu viaje,

no te vamos a olvidar.

 

Zazá:

Rui, cuando me marche,

dime, ¿qué te pasará?

 

Rui:

Como siempre, Zazá, mi amigo,

todo seguirá igual.

Subiré cada mañana

a la Gran Roca a cantar.

Pero antes, como ahora,

haré sonar tu cascabel.

Pensaré que estás conmigo:

siempre te vamos a querer.

 

Mamá:

Aquí tienes, mi dulzor,

mi pluma-guía de volar.

Pronto crecerá de nuevo

y esta te arropará.

 

Papá:

Aquí tienes, mi tesoro,

mil pétalos de flor.

Serán tu nido en el viaje

de perfumes y color.

 

Rui:

Te traigo este cordón

que te acompañará.

Es de todos los colores,

sé que así te gusta más.

 

 Zazá ve pasar un oso panda en una estrella de cristal. Qué tranquilo duerme el oso, qué agustito que está. Y así también duerme Zazá, plácido y soñando con una feria de cometas.

 

Otoño

Hoy es un día diferente a los demás. Todos tenemos que partir algún día. Unos lo harán muy pronto; otros, tardarán más. Hoy es el día de Zazá. Despacito se ha desprendido la última hoja del árbol donde descansa Zazá. El momento ha llegado. Ahora la hoja es de cristal.

 

¡Han venido todos!, volando en círculos y cantando para desearle un buen viaje. Los pájaros dorados sujetan con sus picos la hoja de Zazá. Suben y suben hasta donde ya no pueden volar más. Todos ponen las cabezas muy juntas para despedirse.

Papá:

Vuela alto, hijo del alma,

vuela alto, ¿ves el mar?

 

Mamá:

Vuela alto, vete libre,

que mamá te va a mirar.

 

En los sueños, pajarito,

no hay fronteras ni lugar.

Te abrazamos, te pensamos.

Siempre te vamos a cuidar.

 

Rui:

¡Vuela alto, Zazá!

Vuela alto y ya verás,

algún día, ¡prometido!,

volveremos a jugar.

 

Zazá:

Ya me marcho, voy contento,

me acompaña vuestro amor.

Os quiero tanto, tanto…

¡Adiós a todos, adiós!

 

Y así es como se marcha Zazá más allá de las montañas, en calma y feliz, muy orgulloso de que todos estén allí. Seguro de que siempre estará su sitio con la bandada;  siempre será el bosque de Zazá.

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