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Este relato se lo dedico a María Isabel Martín López, mi madre de 54 años, por ser una cuidadora nata.


Comenzaré diciendo que a los 8 años de edad dejaste los estudios para comenzar a ejercer lo que sería tú gran labor, ‘ser cuidadora’. La primera persona a la que cuidarías sería tú madre, ya que al poco tiempo de dar a luz a su segunda hija, enfermó de una afección neurodegenerativa a la que hoy ponemos nombre: Enfermedad de Huntington. Ahí estuviste para darle todos los cuidados que necesitaba y que ella no podía hacer: la bañabas, aseabas, dabas de comer, etc.


No solo eso, sino que también tuviste que cuidar de tu padre porque se empezó a refugiar en la bebida al ver a su mujer enferma, y toda su vida ha sido cuidado y mimado por ti, hasta el día de hoy que es una persona totalmente dependiente.


A la edad de 19 años, te casaste con la que sería tu tercera persona a cuidar. Y a esa edad me tuviste a mí. Por este acto te estaré plenamente agradecida, porque eras muy joven para cuidar de una hija pero lo hiciste de forma inmejorable.


La mala suerte rondaba por esta casa, pues el que fuera tu marido, papá, tenía un bar de copas y además de trabajar, que lo hacía fervientemente, empezó a beber desde joven. Le diste muchas oportunidades, cuidando de él hasta el infinito y más allá, llevándole a muchos médicos y psicólogos para que abandonase éste hábito pero no las aprovechó, esperaste a que tus dos hijas fuésemos mayores para poner fin a una relación en la que ya te trataba mal y eso era muy doloroso para nosotras, así que decidiste que cada uno hiciera su camino por separado, cosa en la que te doy la enhorabuena porque de no haber sido así, hoy nos estaríamos lamentando seguramente. Es un padre al que queremos y hemos perdonado tanto mi hermana como yo, pero al que no podías seguir cuidando.


Tu siguiente persona a cuidar, sería tu hermana, que con tan sólo 42 años, fuiste tú la que le diagnosticaste que algo le pasaba en las piernas, empezaba a tener menos movimiento en las extremidades, de nuevo aparece la enfermedad hereditaria de Huntington. Fue un mazazo para toda la familia porque es una persona muy joven y muy buena. El que fuera su marido no quiso entender la enfermedad y la abandonó junto a sus hijas adolescentes, por lo que actualmente tienes que cuidar también de ella y de sus hijas.
Así pues son 4 personas de las que hoy en día cuidas: abuelo, hermana, y sobrinas.


No solamente cuidas de ellos sino que llevas la casa, y todavía te quedan fuerzas para trabajar cuidando más personas en un residencia de mayores, son pocas las horas que tiene el día para todo lo que haces desde que te levantas hasta que te acuestas.


Pero cómo te vamos a recompensar todo lo que haces…pues muy fácil dejándome aprender de todo ello para cuando toque que cuidemos de ti, porque no dudes que tus dos hijas cuidarán de ti, pero lo llevaremos con amor, como el que tú das cuidando y además aportando un toque de humor y de risas, cuánto me gustaría en ese aspecto parecerme a ti… hasta en la más absoluta tristeza consigues sacar un toque de humor.


Si te flojearan las fuerzas algún día yo estaré aquí para cuidarte, no tengas miedo, juntas pasaremos buenos momentos, porque tanto mi hermana como yo te necesitamos.
Te quiero, te querré siempre, y te he prometido que cuando podamos liberarte unas horas, un día iremos de viaje aunque solamente sea una excursión para que puedas disfrutar unas horas de la vida.


Estoy preocupada porque no sé si sabré hacerlo tan bien, a pesar de ser enfermera te aseguro que no se cuidar ni la mitad de bien que lo haces tú, incluso sin tener estudios.
Eres el espejo donde me gustaría mirarme, gracias por tu labor de supercuidadora.

 

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