Relato cuidadora profesional sobre Amparo Torres para los Premios SUPERCUIDADORES

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Me gustaría presentarles a una persona muy especial, una persona que es una SUPERCUIDADORA. Tengo el gusto de presentarle a Amparo:

Un 14 de febrero del 2002, Amparo acudió a nuestro centro, con un corazón lleno de buenas intenciones, una mente de ilusiones y unas manos dispuestas a querer y cuidar a las personas mayores.

Hoy Amparo es un modelo a seguir, un ejemplo de superación y de admiración.

Lleva toda su vida dedicada al cuidado de los demás,  al principio siendo cuidadora no formal en el ámbito familiar, dedicándose en cuerpo y alma a su madre: a ella la acompañó durante su larga enfermedad y le atendió en sus últimos momentos. Fue después de ese periodo de tiempo que vio claro que quería y debía dedicarse al cuidado de personas mayores e inició un periplo de formación académica, que le ayudó a obtener una formación reglada, a entender que lo que ella hacía desde el corazón tenía un nombre y unas premisas profesionales claras y precisas.

Tiempo de prácticas y buenas praxis allí donde iba, dejando un rastro de cariño y buenas intenciones.

Inundó nuestro centro de una sonrisa transparente, cada mañana un “buenos días”, un acompañamiento a las personas que le esperaban con anhelo, escogiendo juntas cómo vestirse, explicándose cosas de la vida, compartiendo momentos de complicidad.

Nunca un sinsabor, siempre dando antes que se le pidiese, siendo generosa en los cuidados, atenta y respetuosa con todas las personas, compañera de sus compañeros, demostrando que con amor todo es posible, haciendo posible que mejorase la vida de las personas a las que atendía y manteniendo un clima laboral positivo.

Recuerdo una mañana, que al ir a ayudar a Araceli,  esta estaba muy pálida, y triste porque “se le había escapado las deposiciones y se lo había hecho encima”… ella, en cuanto vio la situación, la apoyó y consoló, restando importancia al suceso; con calidez le realizó la higiene, y con palabras bonitas evitó que continuase sintiéndose mal. Juntas acabaron riendo delante del espejo, mientras probaban peinados nuevos.

En otra ocasión, junto a María, cuando ella ya estaba en una fase de finalización de la vida, la vi sentada a su lado, en la cama, cogiéndole la mano y acariciando su rostro, en ese momento las palabras sobraban, puesto que los gestos eran suficientes para intuir la comunicación entre ambas. La cara de María se relajó, los sonidos que salían de su boca se convirtió en una leve elevación de ella, dejando entrever una sonrisa. Qué bonito, aprender de Amparo el cómo acompañar en las últimas etapas de la vida. Que grandeza humana demuestra al atender a personas en situaciones terminales!!!

Tantos momentos que recordar donde Amparo empatiza, escucha, ayuda, apoya, transmite tranquilidad, respeta…  a todas las personas a la que atiende!!!

Al cerrar los ojos recuerdo, su ayuda, la cual  fue inestimable con Leo, una persona con enfermedad de Alzheimer que no paraba de deambular y demostraba agresividad…ella, con una sonrisa y unos buenos días le invitaba a acompañarla; juntas se enganchaban del brazo y guardaban toda la lencería de la casa en las habitaciones de los usuarios. En esos momentos de comunicación entre ambas, Leo demostraba una implicación positiva con el entorno, se le observaba un comportamiento positivo, feliz, relajado. Ningún otro compañero conseguía que Leo mostrase un lenguaje paraverbal positivo. Y quien recuerda a Leo, piensa en su familia, la cual recibió tanto consuelo y apoyo emocional por parte de Amparo, que lograron aceptar y entender la enfermedad de su madre…

Hoy es Esperanza quien ocupa el lugar de Leo, Esperanza espera cada mañana a su amiga, Amparo, para que la ayude “a ir para casa”, ya que su madre le estará esperando; obviamente no recuerda el nombre de Amparo, pero sí recuerda que ella le aporta calidez, tranquilidad, que la ayuda con paciencia, que no le grita ni se enfada cuando ella no sabe qué hacer o dónde ir, que la consuela cuando no sabe dónde está, que no le recrimina que le pregunte 30 veces lo mismo, Esperanza no recuerda su nombre, pero sí recuerda el amor que ella le transmite

Tantos momentos vividos, tantas miradas cómplices, con Domingo…

Y toda esta profesionalidad, respeto y amor no sólo lo transmite a los residentes, sino al resto de compañeros a los que lidera, y a los que intenta demostrar que juntos es mejor.

Ella es la primera en ayudar al equipo, la que nunca protesta por si los usuarios están más complicados y necesitan de mayor tiempo de atención, la que da ejemplo adaptándose a las nuevas situaciones, ella es la primera que arrima el hombro cuando se necesita, y todo ello sin olvidar que tiene una salud frágil, que ha pasado situaciones personales de gravedad.

No la verás quejándose de la espalda, a pesar de ir “emparchada” para poder controlar el dolor, nunca la verás triste, a pesar que esa noche el malestar no le ha dejado descansar, no verbalizará que tiene hematomas puesto que el sintrom le provoca que a la mínima lesión en la piel afloren estos, no escucharás un lamento todo y que necesita unas cuantas pastillas diariamente.

Amparo es una luz en la que debemos reflejarnos, es un modelo a imitar y un ejemplo de superación. Con ella entendemos la bondad humana, con ella el mundo es mejor, con ella los residentes están en buenas manos.

 

Muchísimas gracias por su atención,

Eva Mª Martín Ruiz (Premio Jericó 2017), amiga y compañera de Amparo.

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