Yajaira González, relato de cuidadora profesional para los Premios SUPERCUIDADORES 2017

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Con el paso del tiempo nos vamos deteriorando, y esto ocurre de manera lenta, casi imperceptible. Ya una mañana no somos nosotros, somos alguien extraño, que de cuidar pasa a necesitar ser cuidado.

A veces lo acepto, otra veces me revelo, porque no puede estar pasando, todavía puedo ser yo. No quiero dejar entrar a un extraño que cambie mi vida, donde no puedo decidir, donde se imponen, donde se prohíben, donde en mi casa ya no mando.

Cuando esto pasó yo me resistiré. Cada día mi memoria me va ayuda menos. Poco a poco entiendo que mis actos afectan a mis dos compañeros de vida y voy aceptando, siempre y cuando me dejen tomar la mayoría de las decisiones.

Pronto conozco a mi nueva compañera. Sé que al principio fue difícil, sólo quiero que me digan la verdad, y me escuchen. Que cuando hablan de mí lo hagan recordando que estoy ahí, que escucho. Sé que no suelo ser comprensible, pero voy aceptando mi realidad.

Mis frases celebres son: “Cuando mejore ya no te necesitaré, y podré volver a llevar mi casa” y trabajar que es mi hobby preferido.  La cuidadora me da la medicina y pienso que esto no es bueno porque yo puedo, pero no me doy cuenta de que no sé qué día es hoy, o si es de mañana o tarde.

Mi compañero no está bien y la cuidadora está pendiente. Creo que es bueno que sea así. Le controla su azúcar y tensión, si come o si parece que ha perdido el apetito. En mi caso, “yo soy una leona y no paro de comer”.

Mi hija tiene esquizofrenia. ¿Dónde andará? ¿Me llamará? ¿Por qué no llega la cuidadora? Ella me ayuda a ubicarla, le aconseja, está pendiente de controlarla para evitar males mayores.

Ya lloro menos, mis fobias son menores, mis otros hijos pueden visitarme y disfrutar de un rato de tranquilidad. Los paseos al "banco del achaque" son comunes y me doy cuenta de que en este trance no soy sólo yo, sino que a mi alrededor mis amigas y conocidas están igual o hasta peor, y además me estimulan a salir.

La cuidadora ahora es “Mi compañera, mi muleta, mi memoria”. No está aquí para quitarme espacio, sólo está para darme calidad de vida.

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