Comer cuando hay disfagia

Descubre los trucos para dar de comer al dependiente con problemas para tragar. La hora de la comida no será nunca más un infierno.

 

Comer. Placer para muchos, suplicio para otros. En concreto para aquellas personas que padecen disfagia (dificultad para tragar). Y es que aunque el acto en sí parezca fácil, en realidad es muy complejo, porque en él intervienen el cerebro, los nervios y aproximadamente 30 músculos de la cara, boca y garganta.

¿Quieres saber más sobre la disfagia?
¡Pincha aquí y no te pierdas esta masterclass!

La deglución se compone de dos fases, una voluntaria y otra involuntaria. En la primera se decide cuándo introducir el alimento, masticarlo y tragarlo. En la segunda, los nervios mandan un mensaje al cerebro para que active los músculos necesarios para que el alimento pase sin problemas desde la faringe al esófago y por último al estómago.

La disfagia no es una enfermedad en sí, sino que es un síntoma que aparece debido a otras complicacionescomo padecer Parkinson, sufrir un ictus o una parálisis que provoquen que la lengua, los músculos de la garganta y el esófago funcionen de forma deficiente.

Además de tener graves repercusiones para la salud, afecta a la calidad de vida de quien lo padece.

La dificultad para tragar puede provocar desnutrición o deshidratación en la persona porque no come o bebe lo suficiente. También pueden ocurrir que los alimentos lleguen a los pulmones provocando infecciones respiratorias graves, debido a episodios de atragantamiento.

Pautas para facilitar la ingesta a personas con disfagia

Persona despierta

Antes de comenzar a comer hay que asegurarse de que la persona está bien despierta y tranquila, porque en caso contrario puede atragantarse. Es preferible esperar unos minutos que llevarnos un susto innecesario.

También se recomienda que no existan distracciones (como la televisión o la radio). Así nos centraremos solo en lo que nos interesa: comer.

Si se puede se fomentará que el dependiente coma solo, pero siempre supervisando su actividad.

Postura correcta

La postura es de vital importancia tanto para la persona que no puede tragar bien, como para quien se encarga de darle los alimentos.

En aquellos casos en los que la persona con disfagia pueda estar sentada, su espalda tiene que estar recta y la cabeza ligeramente inclinada hacia delante.

Si es una persona encamada se le incorporará lo máximo posible en la cama, con la espalda recta y la cabeza inclinada hacia delante.

También nos podemos ayudar de almohadas o toallas enrolladas para sujetarle la cabeza de forma que no se balancee. Así la persona estará más cómoda y podrá tragar más fácilmente.

En el momento en que ingiera, la barbilla debe estar lo más inclinada posible sobre el pecho, para proteger la vía respiratoria.

Quien da de comer tiene que estar sentado a la altura o por debajo de los ojos del dependiente para evitar que se atragante al alzar la cabeza para comer.

Sin prisa pero sin pausa

La paciencia es una virtud y para dar de comer hay que desarrollarla a fondo. Si se da de comer a una persona con dificultades para tragar hay que tener tiempo suficiente, porque tardan más en alimentarse.

Sin embargo, no se deben emplear más de 30 minutos para que la persona que está comiendo no se canse.

Para lograr que ingiera lo necesario en el tiempo estimado se deben programar las comidas para aquellos momentos en los que el dependiente esté más descansado, porque la fatiga muscular y el cansancio aumentan el riesgo de aspiración.


También te puede interesar leer...


Se aconseja usar siempre una cuchara, a ser posible pequeña, porque una menor cantidad de comida es más fácil de tragar. Antes de dar la siguiente cucharada hay que comprobar que se ha ingerido la ración anterior.

Pese que el sentido común nos pueda decir que usar jeringas o pajitas puede facilitar la ingesta, NUNCA se deben emplear. Su uso conlleva un alto riesgo de que al aspirar la persona se atragante y surjan complicaciones respiratorias.

Además, usar la cuchara favorece el acto reflejo de deglutir, debido a la pequeña presión que se ejerce en la base de la lengua al introducirla en la boca.

Alimentos adecuados

Una persona que sufre disfagia no puede comer alimentos sólidos, secos, pegajosos o que desprenden líquido al masticarlos (como ocurre con determinadas frutas). Por eso hay que preparar las comidas de forma adecuada, pero sin olvidar que la dieta debe ser rica y variada.

Un gran aliado son los platos únicos muy nutritivos. Es mejor realizar varias tomas de comida al día que tratar de alimentarle con un festín en una sola.

La comida debe tener una consistencia suave y uniforme. Es mejor que sean alimentos de consistencia blanda y homogénea, como los purés, que sólidos, porque la persona se cansará menos al comer.

Las cosas muy líquidas pueden provocar accesos de tos. Para evitarlo se puede combinar líquido con sólido formando una pasta homogénea. Por ejemplo, galletas mezcladas con leche.

El paciente puede beber cualquier tipo de líquido, siempre y cuando se adapte su textura utilizando espesantes, como la gelatina de agua.

Se aconseja usar algún producto de farmacia para espesar, ya que la gelatina que se adquiere en el supermercado se convierte en líquido al contacto con la saliva.

Al finalizar la comida

Una vez terminada la hora de la comida es muy recomendable que el dependiente permanezca incorporado entre 30 y 60 minutos y que se cepille los dientes para evitar restos de comida.

Con estas dos medidas evitamos que aspire comida, que puede pasar a la vía respiratoria y atragantarse. Si la persona se acuesta inmediatamente tras comer, puede aparecer el reflujo (retroceso del alimento hacia la boca).

La importancia de esto radica en que si la persona se atraganta y no estamos en ese momento puede morir por asfixia. Y si la comida llega a las vías respiratorias, puede llegar a provocar una infección pulmonar.

Además, si la persona va a dormir, el cabecero debe estar levantado como mínimo 45 grados.

¿Todavía tienes dudas sobre la disfagia?
¡Pincha aquí y no te pierdas esta masterclass!